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Comprar entre dos: qué acordar antes de firmar

4 min de lectura

Pareja, hermanos o socios. Cuatro cosas que conviene dejar por escrito cuando todo va bien, porque después ya no se puede.

Comprar entre dos es más fácil que comprar solo, hasta que deja de serlo. Estas conversaciones se tienen cuando todo va bien, que es la única vez que se pueden tener.

Aplica igual a una pareja, a dos hermanos, a dos amigos o a un padre y un hijo. Lo que cambia entre esos casos es la conversación, no la necesidad de tenerla.

1. Quién pone cuánto, y qué significa eso

No es lo mismo aportar mitad y mitad que aportar 70/30. Y no es lo mismo aportar la entrada que pagar la cuota todos los meses.

Dejen escrito:

  • Cuánto pone cada uno para la entrada y los gastos de cierre.
  • Quién paga la cuota mensual y en qué proporción.
  • Si eso se refleja en el porcentaje de la escritura o se compensa de otra forma.

La escritura puede decir 50/50 aunque uno haya puesto más, y eso es una decisión válida —siempre que sea una decisión y no un descuido.

Un caso que confunde a mucha gente: uno pone toda la entrada y el otro paga toda la cuota durante veinte años. Al final habrán puesto cantidades parecidas, pero en momentos muy distintos. Si venden en el año tres, lo puesto es abismalmente desigual. Decidan de antemano si el reparto se calcula sobre lo aportado hasta el día de la venta o sobre el porcentaje fijo de la escritura. Las dos respuestas son razonables; no haberla contestado, no.

2. Qué pasa si uno quiere salir

La conversación incómoda y la más útil. Pacten de antemano:

  • Si uno quiere vender su parte, ¿el otro tiene preferencia para comprarla?
  • ¿A qué precio? ¿Avalúo de un tercero, o el promedio de dos avalúos?
  • ¿Cuánto tiempo tiene el otro para decidir?
  • Si el otro no puede o no quiere comprar, ¿se vende la propiedad entera y se reparte?

Sin esto acordado, la salida de uno se convierte en una negociación en el peor momento posible. Y una propiedad en común no se vende bien cuando los dueños no se hablan: la mitad de una casa no tiene mercado, así que en la práctica quien quiere salir queda atrapado o remata.

3. Quién paga qué mientras tanto

Alícuota, predial, seguros, reparaciones. Y sobre todo: quién decide una reparación grande y a partir de qué monto hace falta acuerdo de los dos.

Un calefón se cambia sin consultar. Un techo, no.

Poner una cifra concreta ahorra discusiones: «hasta 300 dólares decide cualquiera, por encima decidimos los dos». El número da igual mientras exista.

Y si uno de los dos va a vivir ahí y el otro no, eso hay que hablarlo aparte: quien vive usa el bien y quien no, no. Lo habitual es que quien vive cubra los gastos corrientes, o pague al otro algo parecido a un arriendo por su parte. Cualquiera de las dos funciona; ninguna funciona si se asume en silencio.

4. Qué pasa si uno deja de pagar

Es la que nadie quiere escribir. Pero si uno no puede pagar tres meses, la deuda es de los dos frente al banco, y sin acuerdo previo la solución se improvisa cuando ya hay tensión.

Basta con dejar claro qué se hace: si el otro cubre y eso se anota como deuda con intereses, si se ajusta el porcentaje de propiedad, o si se vende.

Conviene recordar por qué esto no es opcional: frente al banco los dos deben el total, no la mitad cada uno. Si uno deja de pagar, al otro no le reclaman su parte: le reclaman todo, y su historial crediticio se afecta igual. El acuerdo entre ustedes no cambia eso frente al banco; lo que hace es dejar claro cómo se arregla entre ustedes después.

5. Qué pasa si uno fallece

La menos agradable y la que más problemas causa cuando falta. Si uno de los dos fallece, su porcentaje pasa a sus herederos —que pueden ser personas con las que el otro nunca acordó nada, y que tal vez quieran vender de inmediato.

No se puede resolver del todo entre ustedes, porque hay reglas de sucesión que mandan. Pero sí se puede prever: dejar dicho si el otro tiene preferencia para comprar esa parte, y a qué precio. Un abogado puede orientar sobre qué instrumentos existen para el caso concreto.

Las cinco preguntas, en corto

Si van a tener una sola conversación, que sea sobre esto:

  1. ¿Cuánto pone cada uno, y eso se refleja en la escritura o se compensa?
  2. Si uno quiere salir, ¿cómo se calcula el precio y cuánto tiempo tiene el otro?
  3. ¿Hasta qué monto decide uno solo un gasto?
  4. Si uno deja de pagar tres meses, ¿qué se hace exactamente?
  5. Si uno fallece, ¿qué preferencia tiene el otro?

Dónde se pone esto

Puede ir en la escritura, en un documento privado firmado o en ambos. Lo importante es que exista antes de firmar la compra, no después.

Un abogado lo redacta en poco tiempo si ustedes llegan con las cinco respuestas decididas. La parte cara no es redactarlo: es discutirlo cuando ya hay un problema.

Este artículo es orientación general y no reemplaza asesoría legal. Las reglas de propiedad, sucesión y régimen de bienes tienen matices que dependen de cada caso.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta un documento si somos pareja?
Conviene igual. No por desconfianza, sino porque los porcentajes aportados se olvidan y las circunstancias cambian. Un papel de una página evita una discusión de años.
¿Se puede vender si el otro no quiere?
Vender tu parte sí, pero vender el inmueble entero requiere acuerdo. Por eso conviene pactar de antemano qué pasa si uno quiere salir.
¿Esto reemplaza a un abogado?
No. Es la conversación que hay que tener antes de ir donde el abogado, para que lo que redacte sea lo que ustedes ya decidieron.

Escrito por Equipo Geo Propiedades Ecuador

Redacción

Este artículo es informativo y usa valores referenciales. Impuestos, tasas y requisitos cambian según el cantón y la entidad: confirma los valores vigentes en tu municipio, notaría, banco o el BIESS antes de firmar.

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