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Comprar en remate judicial o bancario: cómo funciona y qué riesgo tiene

Cómo se compra en un remate judicial paso a paso, en qué se diferencia de comprarle a un banco un bien ya adjudicado, la cuenta del costo real más allá de la postura y las cuatro condiciones que hay que cumplir para que convenga.
  • 5 min de lectura
Ilustración 3D para el artículo: Comprar en remate judicial o bancario: cómo funciona y qué riesgo tiene

Comprar en remate es comprar un inmueble que se vende por orden de un juez para pagar una deuda. Funciona así: el juzgado señala día y hora, publica el aviso, tú presentas una postura por escrito consignando la parte del valor que la ley exige, el juez califica las posturas y adjudica a la mejor. Con el auto de adjudicación protocolizado e inscrito, eres dueño. A cambio del precio, asumes tres cosas que en una compra normal no aceptarías: casi nunca puedes entrar a ver el inmueble, pagas al contado y en plazos cortos, y puede estar ocupado el día que te lo adjudiquen. Los porcentajes y términos exactos están en el COGEP y cambian según el tipo de proceso: confírmalos con el juzgado o con un abogado antes de ofertar.

Remate judicial no es lo mismo que "casa de banco"

Se confunden todo el tiempo y son operaciones distintas.

En el remate judicial, quien vende es el juzgado dentro de un juicio. Compras en las condiciones del expediente, con sus plazos y sus riesgos.

En la venta de un bien adjudicado a un banco, el remate ya ocurrió, el banco se quedó con el inmueble y ahora lo vende como cualquier propietario. Eso es una compraventa común: hay promesa, hay escritura, puedes visitarla y a veces financiarla con el mismo banco. Los riesgos jurídicos son menores, pero el de ocupación sigue existiendo, así que pide el certificado de gravámenes igual y pregunta expresamente si está desocupada y con acta de entrega.

La secuencia de un remate judicial

  1. Encontrar el señalamiento. Los remates se anuncian públicamente por el juzgado. Consulta directamente en la judicatura de la localidad o pide a un abogado que revise los señalamientos vigentes.
  2. Leer el expediente completo. Es el paso que separa a quien compra bien de quien compra un problema. Qué se remata exactamente, el avalúo pericial que consta en el proceso, si se remata el inmueble entero o solo una cuota (derechos y acciones de un copropietario, que es otra cosa muy distinta), qué gravámenes hay además del que originó el juicio, y si hay incidentes o apelaciones pendientes.
  3. Certificado de gravámenes por tu cuenta. No te quedes con lo que dice el expediente; pide el tuyo y compáralo (cómo se lee).
  4. Inspección posible. Normalmente no puedes entrar. Puedes ver la fachada, el barrio, el acceso, preguntar en el vecindario desde cuándo está ocupada y por quién, y revisar en el municipio el predial y en la administración del conjunto las alícuotas.
  5. La postura. Se presenta por escrito, dentro del término, acompañando la consignación exigida. Ahí se define también la forma de pago admitida.
  6. Calificación y adjudicación. El juez compara las posturas y adjudica por auto.
  7. Pago del saldo, protocolización e inscripción. Con eso queda transferido el dominio.
  8. La entrega. Si está ocupado, hay que pedir al juzgado la entrega material. Aquí es donde el calendario deja de depender de ti.

La cuenta que decide si conviene

El precio del remate no es lo que te cuesta la casa. La cuenta completa es:

postura + saldo + honorarios del abogado + deudas que siguen al inmueble + costo y tiempo de desocuparlo + reparaciones que no pudiste ver + los meses en que no puedes usarlo ni arrendarlo.

Con números hipotéticos: si adjudicas en 60.000, luego pagas 3.000 entre honorarios y trámites, aparecen 2.500 de predial y alícuotas atrasadas, la desocupación toma varios meses y al entrar encuentras 5.000 de reparaciones, tu costo real ronda los 70.500 y el inmueble estuvo improductivo mientras tanto. Compara ese número, no la postura, contra lo que cuesta algo equivalente en el mercado abierto; para eso sirven las medianas por metro cuadrado que publica el portal en estadísticas inmobiliarias, leídas con su metodología: son precios pedidos en anuncios publicados, no ventas cerradas, y se recalculan solas con el inventario.

Los riesgos, uno por uno

Ocupantes. El dueño anterior, un arrendatario, un familiar. La entrega se pide al juzgado y no tiene fecha garantizada.

Deudas que persiguen al bien. Predial, alícuotas de condominio y servicios suelen terminar reclamándose al inmueble o a su nuevo dueño. Pregunta al municipio y a la administración del conjunto cuánto se debe antes de ofertar, y confirma con tu abogado cuáles se extinguen con el remate y cuáles no. Por qué las alícuotas pesan tanto está en la alícuota y los gastos que no están en el precio.

Estado físico desconocido. Instalaciones, filtraciones, estructura: compras a ciegas y presupuestas a ciegas.

Que el remate no llegue a término. El deudor puede pagar y el proceso se suspende. Tu dinero consignado vuelve, pero el tiempo no.

Comprar derechos y acciones creyendo que compras la casa. Si se remata la cuota de un copropietario, quedas de socio de los demás, no de dueño único. Es la confusión más cara de esta lista.

Impugnaciones. Un remate se puede discutir. Pregunta a tu abogado qué tan expuesto está el caso concreto.

El criterio de decisión

El remate tiene sentido si se cumplen las cuatro condiciones a la vez: tienes el dinero disponible sin depender de un crédito, puedes esperar sin fecha fija para ocupar o arrendar, tienes un abogado que revisó el expediente antes de que ofertes, y puedes absorber una reparación mayor sin descuadrar tu presupuesto. Si falla una sola —sobre todo si necesitas mudarte en una fecha concreta o financiar la compra— el mercado abierto te va a salir más barato aunque el precio de lista sea más alto: ahí puedes visitar, negociar, condicionar al crédito y firmar una promesa que te proteja.

Y si igual quieres explorar, empieza por el segundo camino: los inmuebles que los bancos ya adjudicaron y venden como propietarios. Tienen buena parte del descuento y mucho menos del riesgo procesal. La verificación de papeles es la misma de cualquier compra: qué documentos pedir antes de entregar dinero.

Preguntas frecuentes

¿Puedo visitar por dentro una casa que se va a rematar?
Normalmente no. Puedes ver la fachada, el barrio y el acceso, preguntar en el vecindario y revisar el avalúo pericial que consta en el expediente. Esa imposibilidad de inspeccionar es parte del riesgo que estás asumiendo, y debe reflejarse en el precio que ofertas.
¿Qué pasa si el inmueble rematado está ocupado?
La adjudicación te da el dominio, pero no expulsa a nadie por sí sola: hay que pedir la entrega material al juzgado y eso toma un tiempo que no controlas. Antes de ofertar, averigua quién vive ahí y desde cuándo, y consulta con tu abogado cómo se tramita la entrega en ese proceso.
¿Comprarle una casa adjudicada a un banco es lo mismo que un remate?
No. Si el banco ya se adjudicó el bien, te lo vende como cualquier propietario: hay promesa, escritura, visita y a veces financiamiento. El riesgo procesal desaparece, pero el de ocupación puede seguir, así que pide el certificado de gravámenes y confirma que se entrega desocupada.

Escrito por Equipo Geo Propiedades Ecuador

Redacción

Este artículo es informativo y usa valores referenciales. Impuestos, tasas y requisitos cambian según el cantón y la entidad: confirma los valores vigentes en tu municipio, notaría, banco o el BIESS antes de firmar.

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